Una tarde en la terminal T4 da para mucho... buff creo que ya me conozco todos los rincones jajaja. Bueno siendo realistas, mucho que ver no hay, quitando la arquitectura de la terminal (Richard Rogers) o que te metas en las tiendas del aeropuerto que son siempre lo mismo en todas partes...


Fuente de las fotos: Terminal T4 BarajasAsí que yo me quedo con la parte más "artística", que son "Las tres damas de Barajas" (La Realista, La Soñadora y La Coqueta) me quedó pena de no haberles hecho fotos (yo que siempre le hago fotos a todo, pero en fin... una que después de todo un día viajando ya no da para más...) Pues bien, en la zona de facturación de la terminal hay tres esculturas de bronce de unos cuatro metros de altura, realizadas por Manuel Valdés, un pintor, grabador y escultor español que se formó en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia entre los años 1957 y 1962.

Si te acercas a ellas podrás ver que cada una de estas cabezas de bronce tiene grabado un poema de Mario Vargas Llosa, realizado expresamente para la ocasión.
LA REALISTA
Mario Vargas Llosa
Sólo existe lo
que piso, miro
siento y toco:
la lluvia que
nos moja
los perros que
nos huelen
y los apresurados
transeúntes.
Detesto las
mentiras de
la irrealidad.
Acato sin
protestar la tiranía
de todo lo
existente.
Sólo amo lo posible
y me sublevo
contra el hechizo
de las ilusiones.
Pobres amigas,
ustedes tienen miedo
a la vida y por
eso se esconden entre
las musarañas de
la fantasía.
Yo sé vivir.
LA SOÑADORA
Mario Vargas Llosa
Amigas:
ustedes envidian
los lujos que no tengo:
los estanques de rocío
y de lágrimas
donde unos pececillos
dorados
me acarician los pies
en las mañanas
y los collares de
mariposas que
aletean alrededor
del cisne que es
mi cuello
a la caída
de la noche.
Envidian la miel que
abejas rumorosas
destilan en mi boca
y las ardientes
poesías de amor
que compone para mí
mi tierno enamorado
y que entonan
a mis oídos
los pájaros cantores.
Envídienme, envidiosas:
Sí, sí, yo soy
ama y señora
del espejismo
y de los sueños.
LA COQUETA
Mario Vargas Llosa
¿El secreto de mi felicidad?
La esquiva sonrisa
que atiza
el hambre de amor
de los viajeros
el ligero mohín
que ensalza la
curva de mis labios
y descubre la nieve
ralampagueante
de mis dientes.
Una rodilla
un empeine
el lóbulo
de la oreja
las aletas
de la nariz
pueden
insinuar cosas
hermosas y
llenar de deseos
a los hombres.
Amigas, ustedes sólo sueñan:
yo hago soñar.

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